Conectar el voto con el futuro: la clave para movilizar a la juventud en 2026

Diana Dajer, gerente de democracia de la Fundación Corona.
El próximo 8 de marzo Colombia elegirá un nuevo Congreso de la República. De los 41,2 millones de personas habilitadas para votar, cerca de 9,5 millones son jóvenes entre 18 y 28 años. Esto es casi una cuarta parte del electorado, con capacidad real de definir quiénes ocuparán las próximas curules. Sin embargo, la abstención en Colombia tradicionalmente supera el 50%. La juventud representa un bloque electoral que podría moverla en cualquier dirección.
Según la encuesta Jóvenes en Sociedad 2025, realizada por Cifras & Conceptos con el apoyo de Fundación Corona, el programa Next Gen C del London School of Economics, Fundación Bolívar Davivienda y El Tiempo, el 61% de la juventud considera muy importante vivir en democracia y el 58% declara su intención de votar por el Congreso en marzo. Pero la intención no se traduce automáticamente en acción. Las barreras son concretas: el 53% indica no saber cómo participar, el 39% desconfía de las instituciones y el 21% siente que su voz no importa.
A esto se suma una paradoja: el 78% de la población joven señala tener internet en casa y el 96% conectarse desde el celular, pero solo el 12% se siente seguro buscando información política en línea y apenas el 14% dice poder identificar contenido falso o generado por inteligencia artificial. Así, movilizar a la juventud en 2026 exige más que presencia digital: requiere entender por qué no vota y qué la movería a hacerlo.
Dos estudios recientes ofrecen recomendaciones prácticas para movilizar el voto juvenil en estas elecciones. Por un lado, la citada encuesta Jóvenes en Sociedad, que encuestó a 3.221 personas jóvenes sobre sus percepciones y barreras frente a la democracia. Por el otro, un experimento narrativo de Fundación Corona y Movilizatorio, con el apoyo de People Powered y Busara, realizado en el marco de la Alianza Internacional por la Transformación Narrativa de la Democracia, que probó de manera aleatoria con más de 4.000 jóvenes qué tipos de mensajes aumentan efectivamente la disposición a votar.
La evidencia apunta a tres direcciones: conectar la información electoral con narrativas de futuro personal, combinar los canales digitales con conversaciones presenciales y confiar el mensaje a voces cercanas, no a partidos ni a influenciadores, que aparecen como los actores con menor confianza entre la juventud colombiana.
1. Hablar de futuro, no de deber cívico
Según el estudio Jóvenes en Sociedad, el 61% de las personas jóvenes valora vivir en democracia, pero solo el 20% está satisfecho con cómo funciona. La brecha no es ideológica: es experiencial. Lo que más les preocupa son las demoras en atención en salud (51%), la inseguridad en las calles (49%) y la falta de empleo (44%). Son problemas concretos, cotidianos, que sienten en carne propia. Sin embargo, la comunicación sobre democracia rara vez los pone en el centro. Se les habla de instituciones y de deber ciudadano cuando están pensando en cómo pagar la consulta médica o conseguir trabajo.
Para entender qué mensajes pueden cerrar esa brecha, en el marco de las votaciones a los Consejos de Juventud de 2025, Fundación Corona y Movilizatorio realizaron un ensayo aleatorio controlado a través de la plataforma Swayable, con más de 4.000 personas jóvenes entre 18 y 28 años.
Las personas fueron asignadas aleatoriamente a cuatro grupos: uno de control sin ningún mensaje, uno que recibió solo información sobre el proceso electoral, uno que recibió esa misma información acompañada de una narrativa de futuro, mostrando cómo el voto podía incidir en los temas que más les importaban, como educación o seguridad, y uno que recibió la información con un mensaje de FOMO (fear of missing out, por sus siglas en inglés), haciendo un llamado a no quedarse por fuera, pues los pares sí iban a votar. El hallazgo fue claro: el único mensaje capaz de reducir el grupo que declaró que no votaría fue el que conectó información con narrativa de futuro. Esto es, el que mostraba a la persona lo que estaba en juego para su propia vida.
Esto no es casual. El estudio Jóvenes en Sociedad revela que, pese a la insatisfacción con la democracia, el 74% de la juventud reporta alegría como su emoción predominante y el 61% se declara satisfecho con su vida. No es una generación derrotada ni cínica. Es una generación que tiene expectativas reales sobre su futuro y que, cuando percibe que una decisión puede acercarse o alejarse de ese futuro, reacciona.
El voto no les mueve como obligación ni como protesta, sino como instrumento. La narrativa que funciona no es la del miedo ni la del deber, es la de la agencia, la que le dice a la juventud que su voto puede significar una consulta médica a tiempo, un empleo digno o una calle más segura. La recomendación, entonces, es construir comunicación a favor de la democracia anclada en esas aspiraciones concretas y mostrar qué está en juego para la vida de cada persona joven, no para la democracia en abstracto.
2. Combinar lo digital con lo presencial
El acceso digital de la juventud colombiana es alto. El 78% tiene internet en casa, el 96% se conecta desde el celular y los canales más usados en la última semana fueron WhatsApp (73%), Facebook (67%) y TikTok (53%). Pero la presencia en plataformas no equivale a participación cívica en ellas. El 56% no realizó ninguna actividad política o cívica digital en el último año y, aunque el 30% comparte contenido político en redes, solo el 9% lo discute o comenta.
Esto no es un llamado a ignorar lo digital, sino a entender su lugar real. Las plataformas tienen alcance, pero la conversación presencial tiene profundidad. Esto muestra que la persuasión que puede mover a alguien a votar suele ocurrir cara a cara: en el salón de clases, en el barrio, en una reunión comunitaria. Un ejemplo concreto de cómo se puede construir esa deliberación presencial es el Parche Democrático de Fundación Mi Sangre, una metodología que promueve el diálogo político en grupos pequeños a través de ejercicios lúdicos y reflexivos. No es un taller de educación cívica tradicional, sino una experiencia que convierte la política en algo cercano. El tipo de espacio que los datos sugieren que hace falta.
La recomendación es combinar ambos planos con intención. Usar lo digital para distribuir información práctica y narrativas de futuro con escala y complementarlo con espacios presenciales donde la deliberación tiene más tracción y el compromiso echa raíces.
3. Confiar el mensaje a voces cercanas, no a partidos ni a influenciadores
El mapa de confianzas que arroja Jóvenes en Sociedad 2026 es contundente. Los influenciadores digitales son el actor con menor confianza entre la juventud, con un 22%. Los partidos políticos no están mucho mejor, con 28%. Los medios de comunicación llegan al 35% y las redes sociales como fuente de información política al 36%. En el otro extremo, la Registraduría genera confianza en el 72%, los Consejos de Juventud en el 62% y las organizaciones juveniles en el 59%.
Las implicaciones son claras. Los actores más efectivos para movilizar la participación democrática son los cercanos, como los consejeros juveniles y líderes comunitarios, pares con trayectoria reconocida. Mejor aún si son las propias juventudes quienes co-crean y distribuyen los mensajes, porque el contenido generado por pares tiene mayor credibilidad y alcance orgánico, tanto en redes como fuera de ellas. No se trata de hablarle a la juventud sobre el voto, sino de que la juventud se hable a sí misma sobre él.
Una semana para movilizar
En 2026, movilizar a la juventud no es cuestión de más publicidad, sino de más sentido. La confianza se construye en lo cotidiano, en conversaciones presenciales, pares creíbles y mensajes cocreados que unan información clara con propósito. La fórmula es simple y a la vez exigente: explicar qué está en juego para el futuro de cada persona joven, usar lo digital para activar y lo presencial para profundizar y confiar la narrativa a referentes cercanos. En últimas, movilizar el voto juvenil es recordar que la democracia funciona cuando se siente propia.